La tensión se ha disparado en los últimos días entre los independentistas catalanes y el rey Felipe VI, quien defiende la unidad de España ante el desafío que plantea la región del noreste del país. La guerra de gestos entre el monarca y los que quieren la ruptura de Cataluña con el Estado español ha ido en aumento desde la investidura, el domingo, del nuevo presidente del Gobierno catalán, el secesionista Carles Puigdemont.

El partido Esquerra Republicana (ERC), separatista y republicano, no participará en la ronda de reuniones que el monarca iniciará el lunes con los grupos parlamentarios españoles para formar Gobierno en el país.

El gesto de la formación, que forma parte de la coalición que gobierna actualmente Cataluña, Junts pel Sí, responde a la decisión de Felipe VI de no recibir a principios de semana en el Palacio de la Zarzuela a la presidenta del Parlamento catalán, la separatista Carme Forcadell.

La casa del Rey envió una nota a la Cámara de la región en la que le instaba a comunicar “por escrito” el nombre del nuevo jefe del Gobierno catalán, en vez de hacerlo de forma presencial, como ocurrió con autoridades parlamentarias de otras regiones.

Pero el desplante de ERC no ha sido el único sufrido por Felipe VI en los últimos días. El nuevo presidente del Gobierno de Cataluña obvió el martes en su toma de posesión la fórmula que promete lealtad al rey y a la Constitución.

Por otra parte, el decreto que certificó el cese de Artur Mas como jefe del Ejecutivo regional, firmado por Felipe VI y Mariano Rajoy, no incluyó la referencia protocolaria de agradecimiento a “los servicios prestados”, habitual en relevos de mandatarios regionales. Son muchos los guiños de Felipe VI a favor de la unidad de España desde que fue proclamado rey, en junio de 2014.

En el tradicional discurso navideño del 24 de diciembre, el más importante del rey ya que es el único que escribe él y no el Gobierno, lanzó a los españoles a través del televisor “un mensaje de serenidad, de tranquilidad y confianza en la unidad y continuidad de España”.

Sus palabras fueron muy criticadas por los independentistas. “Están en la línea de la monarquía, que es uninacional y unilingüística y a favor de la unidad de España”, dijo Forcadell.